Sillicon Valley, la comida y el futuro, parte 3

Los correos no eran alentadores: “Google le está pidiendo a sus empleados que trabajen desde sus casas debido a la tormenta. Va a ser necesario cancelar la visita.”

No he ido a Disney, pero imagino que el nivel de decepción que un niño puede sentir ante la expectativa de la cancelación de una visita a ese parque, puede ser la misma que estábamos sintiendo al leer los correos que nos decían que nuestra visita peligraba, todo gracias al inclemente clima de San Francisco. La ilusión de conocer a la emblemática compañía de Sillicon Valley se desvanecía.

La mañana de ese jueves 11 de diciembre era gris y pesada. No es que en Bogotá no existan mañanas de ese tipo, ni que acá no hayamos visto llover como si el mundo estuviera a punto de acabarse: lo que pasa es que alrededor de esa fuerte lluvia hay un igualmente fuerte despliegue mediático.

Los canales interrumpían constantemente sus transmisiones para hablar de los caminos cerrados por inundaciones, una reportera vestida para resistir un huracán mostraba alarmada como el nivel del agua le tapaba los talones desde el patio de una casa en Novato-California, un presentador apoyado en una imagen de radar se esforzaba en predecir hacía donde se dirigía la tormenta y por cuanto tiempo iba a estar lloviendo, la recepcionista del hotel nos alentaba “Are you going out with this weather?”. Aunque la lluvia no fuera muy fuerte, era apenas normal que todo el mundo pensara en suspender cualquier tipo de actividad humana.

Nosotros, ilusionados e insensatos a la furia del clima, insistimos a nuestros contactos y vencimos. La visita se confirmó y John Bracaglia nos esperaba para almorzar y darnos el tour por el campus que muchos ya vieron en la película “Aprendices fuera de línea”.

John, un joven profesional en Finanzas de la universidad de Stanford y con planes de cursar su MBA en Harvard Business School (de hecho ya fue admitido), llevaba, al momento de recibirnos, poco más de seis meses en Google encargado de la programación de la pauta de vídeo en Youtube.

Equipado con botas de invierno y paraguas con la marca Google, John nos recibió con su mejor actitud dispuesta a guiarnos por un campus que se extiende por varios edificios y en el que trabajan más de 20.000 personas. Rápidamente pudimos reconocer varios de los lugares de la película, pero muchos de ellos son de acceso restringido y son custodiados por guardias que exigen identificación, lo cual resulta muy conveniente pues el flujo de visitantes es constante. John nos pidió que no nos separamos de él.

Sillicon Valley

Después de algunas apresuradas fotos de las impresionantes atracciones, como un visor multi-pantallas de Google Maps o el prototipo del avión espacial de Virgin, pudimos recorrer rápidamente algunos de los otros edificios del campus. A diferencia de las otras compañías que visitamos donde tuvimos una charla formal por parte de un encargado, el plan en Google era recorrer el campus, almorzar y visitar la tienda de recuerdos. La verdad esto nos decepcionó pues teníamos expectativas de conocer un poco más sobre la compañía.

Pese a informal de la visita, tuvimos la oportunidad de conversar con John acerca de los beneficios de trabajar en Google, mientras almorzábamos en la cafetería principal, que a esa hora servía miles de almuerzos en un buffet autoservicio donde la mayoría de comensales eran indios o chinos.

Los empleados de Google no deben preocuparse por comprar comida, pagar lavandería, pagar una membresía a un gimnasio, cuentas de odontólogos o incluso de guardería. El impresionante campus cuenta con todos estos servicios además de muchos de los que ya habíamos vistos en las otras tres compañías. Google reúne todas las garantías de las compañías de Sillicon Valley que visitamos e incluso las supera (a John recién llegaba de sus vacaciones en Los Cabos pagadas por Google). Pero, así mismo sus condiciones de ingreso, que son ya una leyenda, son estrictas; su proceso de selección es largo y la presión por resultados es constante en todos los niveles de empleados.

Sillicon Valley

Los empleados de Google saben que esto los convierte en personas privilegiadas y por eso responden con compromiso y con una constante búsqueda de innovación. Todos esos ingenieros tienen en sus mentes el propósito de darle forma al mundo a través de desarrollos que faciliten la vida y te dejen más tiempo libre aunque estés permanentemente conectado.

Un auto que se maneja solo o unas gafas ayudan a interactuar con un Smartphone sin usar las manos, tienen una finalidad similar: libera tus manos, libera tu cuerpo, úsalo para otras cosas, para estar con tu familia, por ejemplo, pero sigue conectado.

Hay un futuro en el que las cosas predecirán muchas de nuestras necesidades y serán capaces de resolverlas incluso antes de que nosotros estemos conscientes de necesitarlas. Es un futuro en el que las máquinas acumulan información sobre nuestros comportamientos, aprenden a partir de esas experiencias y son capaces de tomar decisiones. Es un futuro del machine learning. Si Facebook es la reseña de nuestra vida en un pasado inmediato, Twitter es el ahora de nuestra opinión y Pinterest el reflejo de nuestros anhelos futuros, Google es la posibilidad de un mundo con una contradicción enorme: las máquinas nos harán más libres, pero al mismo tiempo dependientes de ellas.

Parece ya bastante filosófico éste texto, pero hay manifestaciones que seguro cada uno de nosotros puede reconocer en elementos actuales, que nos demuestran como ya esto sucede: la personalización y el filtro de los resultados de búsquedas que se obtienen al hacer una consulta en Google, los vídeos recomendados en nuestra página de inicio en Youtube o los mensajes publicitarios que se nos despliegan en cualquier página gracias a la compra programática que reconoce nuestros intereses a través de los comportamientos de navegación para clasificarnos en la audiencia de una marca.

Hay una frase que se atribuye a Henry Ford respecto a la invención del automóvil y que reza “si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido”. Con la tecnología pasa algo similar. Al ponernos a pensar sobre cómo serán las cosas del futuro, fácilmente llegamos a un escenario similar al que vivimos ahora, imaginando mejoras sobre artefactos que ya existen. El futuro para Google tiene una forma más conceptual: es un futuro en el que la tecnología es predictiva y los productos de Google estarán siempre presentes para anticiparse a lo que cada uno de nosotros necesite, haciendo que nuestra conexión a sus plataformas sea permanente.

John nos despidió en el parqueadero, mostrándonos el último y más alejado lugar del campus: unas colinas donde se desplegaban carpas como de circo donde periódicamente la compañía organiza ferias y conciertos para sus empleados. Dejábamos la costosa zona de la Bahía de San Francisco y regresábamos a Bogotá. Pese a la tormenta, nuestro vuelo afortunadamente estaba confirmado.

Conocer estos lugares deja una enseñanza, la sensación de que en efecto hay otro nivel, tanto de recompensas como de trabajo. Es un cliché pero se aplica para esta experiencia: el futuro pertenece a quienes lo diseñan. Estas compañías están dando forma a ese futuro y la inversión en publicidad lo hace posible. Claro, alguien tiene que pagar por tanta comida.

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